CRISIS DE VALORES Y VALORES EMERGENTES
CRISIS DE VALORES Y VALORES EMERGENTES
Carlos Nunes
C.I. 7214968
Si partimos de la conceptualización de la Axiología, referida como una rama de la filosofía que estudia, analiza
la naturaleza y funciones de los valores que
se internalizan en el individuo, se tiene que
los orígenes de ésta datan
desde la antigüedad y se remontan en Grecia con los estudios de Sócrates y Platón.
Existen dos posturas o teorías
axiológicas marcadas profundamente, el subjetivismo que establece que los
valores son dependientes del sujeto y el
objetivismo el cual sostiene que los
valores tienen relación con la calidad y
constitución del objeto, esta última postura presupone que la psique del
individuo no interviene. Partiendo de estas dos posturas o teorías hacen pensar
que los valores están en constante transformación, considerando como valores
emergentes los que hace referencia Gervilla en su documento.
Con la expresión valores emergentes nos
referimos al conjunto de nuevos valores que de modo progresivo se van
generalizando, en un momento histórico determinado, en armonía o en pugna con
los vigentes. La novedad de esta emergencia es múltiple, pues puede residir en
el nacimiento de valores no existentes, o también en un cambio de sentido o
intensidad de algunos ya vigentes. Las jóvenes generaciones suelen ser más
sensibles y receptivas a estos valores emergentes, apresurándose a su defensa y
vivencia, frente a la generación adulta, generalmente más conservadora y
resistente. Ello ocasiona, con cierta frecuencia, un enfrentamiento
generacional entre jóvenes y adultos en la familia, en el colegio y en la
sociedad en general Tales valores los encontramos prioritariamente presentes en
la cultura de la calle, en el lenguaje y modo de vida de los jóvenes, en los
medios de comunicación social, etc., pero también, con posterioridad, en los
Organismos Internacionales, en las Constituciones, leyes, decretos, proyectos
educativos, contenidos, métodos y medios de enseñanza, etc. Gervilla (2011)
Debemos considerar que las instituciones
educativas deben tener presente que la formación de los valores no deben estar
ausente en las aulas de clases, independientemente del nivel educativo donde se
imparta la docencia, partiendo del enfoque de que somos los formadores de los
ciudadanos miembros de un estado. Estos ciudadanos que han sido bien formados y que tienen valores, serán los responsables
de la administración de ese estado y así
se evitará la injusticia, la corrupción, la impunidad y otros males modernos
presentes en la administración de los recursos públicos o privados. Para
concluir los valores bien internalizados o instruidos no pueden ser alterados por las generaciones,
de los contrario podríamos caer en los antivalores como sistema aceptado de
convivencia.
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