Padilla
P, Zeyda
C.I: 6.960.078
ENFOQUE
SUBJETIVO DE LA EDUCACIÓN APOYADO EN EL CONSTRUCTIVISMO DE LEV SEMIONOVICH
VYGOTSKY
La educación es un proceso de formación
permanente que se adquiere en los diferentes escenarios socio culturales en los
que interactúa todo ser humano, criterio apoyado en el constructivismo de Vygotsky
en el cual se destaca la influencia de los contextos sociales y culturales en
el conocimiento.
En
ese contacto con el contexto sociocultural, el individuo construye su identidad
y subjetividad; es decir su manera de ser, pensar, sentir y actuar. Es ese
proceso de construcción lo que entraña el misterio de la humanización, en el
cual familia, el medio social y la escuela asumen un rol fundante.
En
consecuencia, si la educación entraña la formación integral de los sujetos
sociales, hay que partir de la subjetividad del hombre como un eje vertebrador
de su participación y protagonismo para desarrollar los procesos de
aprendizajes como espacios de construcción de significados y sentidos, ya que
los sujetos que aprenden no son recipientes pasivos de información, sino que
ellos construyen sus propios conocimientos y habilidades a partir de los que ya
poseen.
El
constructivismo afirma que “nada viene de nada”, y que un conocimiento viene
siempre de un conocimiento previo. Cada nueva información es asimilada y
depositada en una red de conocimientos y experiencias que existen previamente
en el sujeto; según esto, cuando una persona aprende algo nuevo, lo va
incorporando a sus experiencias anteriores y a sus propias estructuras
mentales. (Payer, 2005). Como resultado podemos decir que el aprendizaje no es
ni pasivo, ni objetivo, por el contrario, “es un proceso subjetivo que cada
persona va modificando constantemente a la luz de sus experiencias”. (Abott,
1999).
Debemos entender la subjetividad, como modo de
pensar o de sentir, como aquello que nos brinda identidad, y en este sentido,
identidad para aprender, esto es, cada persona, cada sujeto, aprenderá de un
modo singular.
En
este contexto nos referimos al aprendizaje desarrollador, aprendizaje que se
construye a través de un proceso de concientización, que facilite la
actualización de los contenidos en función de la comprensión del objeto de
estudio y la aplicación pertinente y oportuna por el sujeto de las acciones que
lo transforman; realidad que en muchos casos no se valora y toma en cuenta.
Al respecto (González Rey 5-7) ha destacado que
precisamente, por no disponer de una concepción de la subjetividad individual
que le permita comprender que el individuo no sólo aprende lo que está «fuera»
de él, como si fuera una importación, o una interiorización, sino también que
él construye sobre las experiencias de vida a partir de sus propios recursos,
entre ellos los de la fantasía y la imaginación, que son parte inseparable de
sus sentidos subjetivos y que han estado muy ausentes del tema del aprendizaje,
precisamente, por el desconocimiento del carácter subjetivo de esta función.
La
escuela, como institución social reproductora de desigualdades, transmisora y
constructora de valores, debe replantear su función y contribuir junto con
otras instituciones de la sociedad, a la formación de las conciencias, la
elaboración del conocimiento y su distribución igualitaria, mediante prácticas
equitativas y democráticas (Freire Paulo, 1997).
Desde
esta perspectiva, el docente, tiene un papel fundamental en la construcción de
las subjetividades e identidades de sus estudiantes; nuestras intervenciones
estarán apuntadas a estimular la formación y el desarrollo de la subjetividad
de cada sujeto, donde el mismo adopte una postura activa en su propio proceso
de aprendizaje, sus propios modos de aprender. Es importante que en este
proceso de construcción de conocimientos, a través de las experiencias previas,
el profesor cambie su papel tradicional para interaccionar con los estudiantes,
funcionando, así como un guía del aprendizaje y no un “experto” que lo sabe
todo.
Como
señalaban con acierto David W. Johnson & Robert T. Johnson, “aprender es
algo que los alumnos hacen, y no algo que se les hace a ellos”. Así que,
nuestra labor como profesores, es ayudar a que los estudiantes adquieran las
estrategias necesarias, para poder interaccionar con sus compañeros, con el
profesor o con otros adultos.
Sin embargo, para lograr esos cambios es vital
la labor sistemática y comprometida de todas las personas involucradas en el
proceso educativo.
Es
hora que los docentes reflexionemos sobre la acción pedagógica que desarrollamos
en las aulas. Es necesario preguntarnos: ¿Qué tipo de ser humano deseamos
formar? ¿Para qué sociedad? ¿Qué nivel de participación real les brindamos a nuestros
estudiantes? ¿Se toma en cuenta y respeta la diversidad cultural de los
estudiantes? ¿Cómo se evalúa y para qué?
¿Cuáles son los significados que transmite el espacio físico del centro
educativo? En fin, lo esencial es profundizar en el significado de la práctica,
en el análisis de lo que creemos y por qué lo creemos, porque en la medida que
nos auto-representemos en esa medida podremos estar conscientes de lo que
hacemos para cambiar.
Para
cerrar, es importante reconocer que el aprendizaje es práctico, reflexivo y
colectivo. Aprendemos haciendo y reflexionando sobre lo que hacemos; pero este
“hacer” no sólo es empírico es también mental, lógico y esa “reflexividad” no
sólo se realiza desde la lógica racional analítica, sino desde toda la densidad
de la cultura y la subjetividad de la que estamos constituidos. Aprendemos
desde la razón, pero también desde el afecto, la intuición, el deseo y desde las
experiencias colectivas, así opere en procesos psicológicos individuales;
aprendemos de y con otros: conversando, discutiendo, confrontando, negociando.
Las nociones, valores y actitudes que tenemos sobre nosotros mismos, sobre los
demás y sobre el mundo han sido construidos socialmente y su cambio solo es
posible en ambientes colectivos.
“Un hombre no aprende a comprender nada a no ser que lo
ame”
(Johann Wolfgang Von
Goethe)
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