Aporte Axiológico de la Educación en Venezuela
Norberto Álvarez Télles
C.I.V-5.412.063


Fundado en 1959, la institución que protagoniza la presente entrega es el vivo ejemplo (aun con algunas modificaciones y deformaciones absurdas de los últimos tiempos) de un avance sin precedentes en toda América latina, fue la interpretación exacta de la Venezuela que saliendo del oscurantismo de una atroz dictadura daba los pasos para que sus ciudadanos, particularmente los más jóvenes que no tuvieran la oportunidad de asistir a la universidad, lograsen un oficio y profesión que en corto tiempo les formara, les otorgara la herramienta científica y practica para incorporarse al mercado productor, y con las perspectiva de superación con una sólida y honesta formación.
Se habla del Instituto Nacional de Cooperación Educativa (I.N.C.E) convertido ahora en I.N.C.E.S con una “S” que traduce socialista, cosa que en ningún caso se compadece con el principio educativo y menos aún con el espíritu que hizo la génesis de la inmensa obra del Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, quien concebía la educación como un bien natural y un derecho inalienable del hombre (entiéndase como hombre el género humano) en ningún caso la educación puede ser socialista por un mero capricho proselitista, la educación es una sola, inalterable con bisuterías políticas y mucho menos mezquinas que coloquen cortapisa a determinada postura política.
Este instituto nació fundamentalmente como una necesidad frente a la realidad social que vivía el país durante esos años. Las condiciones socioeconómicas en ese momento, aún estaban muy lejos de ser adecuadas para una gran parte de la población, y en ello la educación era uno de los ámbitos más relegados.
Para 1958 existían más de dos millones de adultos analfabetas y un volumen también muy importante de niños fuera del sistema educativo, producto, entre otras razones, de una escasa infraestructura educativa. Frente a este panorama, como era de esperarse, el personal capacitado escaseaba, los registros indican que solamente alrededor de seis mil jóvenes asistían a escuelas técnicas.
A partir de entonces, el INCE trabajó en la capacitación agrícola de quienes habían egresado de las escuelas rurales. También fomentó y desarrolló el aprendizaje de trabajadores jóvenes en fábricas, y por supuesto, tuvo una labor importante en la alfabetización de la población. La gran Universidad del Pueblo le llamaron, aun en la actualidad con todo y la intención ideologizante que despliega una administración que no termina de entender la trascendencia de un buen técnico, un alfabetizador o un perito en cuestiones rurales de producción agrícola. En sus aulas y campus de estudio y formación se respira la esperanza e ilusión de quien se siente útil a su país, a sus semejantes a sí mismo.
El I.N.C.E.S es entonces una extraordinaria alternativa para un logro académico, serio, robusto y competitivo, forma parte ya del paisaje educativo del país y tal vez esa cotidianidad, en oportunidades, hace que pase desapercibido para el grueso de la población, quien ingresa a sus centros de formación desde su inicio como aprendiz recibe enseñanza, valores disciplina y por sobre todo sentido de identidad y pertenencia, es un verdadero cordón umbilical con el futuro inmediato.
En más de una oportunidad se puede tropezar con extraordinarios profesionales cuyos inicios fueron modestos aprendices, luego técnicos y hoy flamantes profesionales universitarios.
La visión avanzada del Maestro Prieto Figueroa es la esencia fiel de quien con ilusión axiológica de un país que se alineaba en aquellos llamados en vías de desarrollo, entendió e interpretó con exactitud la máxima aquella de sembrar el petróleo, que de sus yacimientos no solo emergieran hidrocarburos sino un conglomerado de técnicos, de venezolanos de primera, un verdadero ejército que irrumpiera como formidable ariete y rompa barreras de la oscuridad de la ignorancia.
Cuando se habla del I.N.C.E.S, se evoca la mejor intención de un Maestro de escuela que es la verdadera piedra angular de la formación futura del individuo.
Desde su origen, el INCE contribuyó a la capacitación agrícola de los egresados de escuelas rurales con el propósito de formar agricultores aptos para la eficiente utilización de la tierra y los recursos naturales renovables. A la par, colaboró en la lucha contra el analfabetismo y el mejoramiento de la educación primaria en el país, en suma, si existe alguna herramienta educativa que dibuje con precisión el principio filosófico de la axiología es este Instituto y la sin par iniciativa del maestro Prieto Figueroa quien pasa en naves de oro a la posteridad.
Quede el presente para enaltecer y dar vítores a sus fundadores, sus maestros y guías y particularmente al ejercito de hombres y mujeres que de esas aulas han salido a engrosar con verdadero orgullo el mercado de trabajo y productividad nacional. 
Es una versión del utilitarismo y sus consecuencias, al considerar que sólo las consecuencias de una acción son un criterio a observar para definir moralmente si esta es buena o mala. A diferencia de otras formas, como el egoísmo y la mezquindad, considera todos los intereses por igual.
En términos de satisfacción colectiva el I.N.C.E.S cumple con creces la razón de existir sus formas de organización así lo demostraron y luchan por permanecer, una buena tesis seria devolverle su autonomía apolítica, fuera de identidad partidista donde quepan todos dejando fuera solo el oscurantismo y la barbarie.
Otro proyecto ambicioso para el I.N.C.E. seria la adaptación de laboratorios que se encarguen de la formación en modernas disciplinas del saber, el manejo de redes sociales para la formación técnica, humanística, el llamado “comuniti manager” estaría de estreno a quienes aspiren la educación de vanguardia, y un ensayo sobre la instalación de pequeños centros de mantenimiento de reactores de energía sintetizada lo que proporcionaría la entrada definitiva de los nuevos técnicos a lo cotidiano del siglo XXI
    

   

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